Ayer la madre de una amiga me recordó una pequeña historia que me sucedió con ella, y que me había olvidado completamente, pero que ella recordaba con mucho cariño y sobretodo se reía mucho de lo que nos pasó. Para mí había pasado inadvertido pero es que ayer me contaba lo que pasaba por su cabeza, y eso es lo verdaderamente gracioso. Os cuento:
Resulta que el año pasado su hija (mi amiga) se presentó a las oposiciones en Cádiz, así que yo y su madre la acompañamos a la universidad, y como vivimos a unos 40 minutos de Cádiz, decidimos que podíamos su madre y yo dar un paseo por Cádiz mientras que ella estaba haciendo el examen. Así fue, la dejamos por la mañana y nos fuimos a Cádiz a disfrutar un poquito de esta encantadora ciudad. Recuerdo que era domingo, tempranito, así que no había mucha gente por la calle y el centro estaba muy tranquilo y apacible.Después de pasear por el Mercado, Plaza de la Flores y el Palillero nos fuimos al Museo de Cádiz, un museo de arte y arqueología que está en la Plaza Mina. Había una exposición temporal de un coleccionista (no recuerdo su nombre) que tenía en su poder cuadros de Goya, Ribera y otros autores famosos. A mí me encanta el arte, no lo puedo evitar, entro en un museo y me transporto a otra dimensión, comienzo muy lentamente a recorrer el museo contemplando con detenimiento todos y cada uno de los cuadros, observando su perspectiva, juego de luces, paleta de colores, lo que intenta transmitir, en qué época lo pintó, etc.
Pero claro, no me percaté que iba con una señora de unos 50 años que lo más artístico que había visto en su vida han sido paisajes de los cuadros de las tiendas de todo a 100, por decir algo. Y aunque a ella aquello no le desagradaba, de hecho yo la animé para que se culturizara un poquito, le resultaba demasiado excesivo el tiempo que yo pasaba delante de los cuadros. A mí no me decía nada, simplemente, se recorrió la sala en un santiamén y se paró en un cuadro de una señora mayor, al verlo vino corriendo hacia mí y me dijo: "este es el cuadro que me gusta, y ¿sabes por qué? porque me recuerda a mi vecina Paca". Estaba claro, a ella eso del arte como que le daba igual pero aquello se parecía a algo que podía identificar, y por eso le llamaba la atención lo demás eran pinturas sin ningún sentido ni porqué.
Según me contaba ayer, como yo seguía mirando cuadros ella pensaba "y todavía sigue mirando cuadros, es que no se cansa, pues yo ya me los he visto todos y ya estoy un poco cansá. Voy a ver otra vez el cuadro de Paca" y se iba a verlo otra vez. Ayer se reía mucho porque decía "y yo dale con el cuadro y tú que no parabas de mirar cuadros y yo decía (con su peculiar gracia andaluza) ¿cuando va a terminá este de mirá los cuadro, dios mío?" La pobre se tuvo que sentar y todo porque estaba (como decimos por aquí) estrozá.
La cuestión a la que voy con esta anécdota es que no todos miramos el arte con los mismos ojos y menos lo apreciamos por igual. Para alguien que por circunstancias de la vida (o dejadez, que también los hay) no han recibido ninguna educación artística un cuadro no le dice nada a menos que esté relacionado con algo de su vida cotidiana, como era este caso. A otros, en los que yo me incluyo, aunque el tema del cuadro no nos entusiasme, las características técnicas de él pueden hacerlo muy atractivo, y por supuesto, digno de análisis por un tiempo alargado.
En fin, el arte me encanta, pero a veces tengo que entender que no todo el mundo piensa igual.
jueves, 11 de enero de 2007
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El cuadro de mi vecina Paca (sobre el arte y otras cuestiones) |
viernes, 22 de diciembre de 2006
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Don Giovanni un tanto diferente |
Me llamó la atención una pequeña noticia que publicó el diario El Pais el pasado Domingo 17 de Diciembre en la que se explicaba que la ópera de Mozart Don Giovanni se estrenó en el nuevo y flamante Palau de las Arts de Valencia, diseñado por el arquitecto admirado Santiago Calatrava, pero que debido a un problema con el sistema hidraulico del teatro no se pudo colocar ningún tipo de escenario. Así que los espectadores se tuvieron que conformar con contemplar la ópera sin ningún tipo de decoración, simplemente los cantantes pelaos y mondaos, aunque eso sí, tenían la opción de que se les devolvieran las entradas, aunque al parecer muchos no optaron por ésto último.
Como es lógico todo esto está siendo tremendamente criticado porque pone de relieve bastantes deficiencias muy importantes. Lo primero es que no se entiende como un proyecto de esta envergadura, con el dinero que tiene detrás y con el arquitecto que lo ha proyectado, pasen estas cosas. La verdad es que es inexplicable. Ya había recibido críticias en cuanto a la acústica del edificio, que según algunos no era la más idonea, y ahora esto. Todo ello pone de manifiesto que a veces los diseños espectaculares y que se salen de la norma no son del todo prácticos. Muchos se plantean si es práctico gastarse tantos millones de euros en un proyecto espectacular que asombra al mundo entero, pero que después no se le da un uso práctico o dicho uso lo único que provoca es más gastos, molestias y un daño a la imagen del proyecto irreparable.
Pero dejando reflexiones sobre la practicidad de muchos proyectos arquitéctonicos espectaculares que cada día nos encontramos más, está la cuestión de ¿para qué vamos realmente a la ópera? Es decir, ¿vamos para ver una gran puesta en escena con escenarios y atrezzos espectaculares? ¿o vamos para escuchar una pieza de música clásica genialmente interpretada por los músicos y cantantes? Muchos dirán que un poco de todo, pero a mí personalmente me importa poco los escenarios, atrezzos y demás parafernalias. Veo que a veces se tiende a espectacularizar la ópera y se deja a un lado el verdadero fondo de la historia, estamos acostumbrados a ver representaciones de ópera en la TV que son lo más espectaculares posibles, y cuando acudimos al teatro acudimos con la idea de ver una igual. Qué sucede, que cuando nos encontramos con una puesta en escena modesta nos molestamos y pensamos que la representación no vale nada.
Es cierto que cuando sus compositores la compusieron (principalmente en la época barroca donde todo era ostentación) lo hicieron con la idea que fuera representada con los más fastuosos arreglos, pero ¿no es la historia lo realmente importante? Cuando una ópera está magistralmente representada por sus actores sobran los escenarios, iluminación y demás parafernalias, te sumerges en una vida interior que no es la tuya y que te atrapa hasta creer que todo lo que hay en el exterior no existe. Esa es la verdadera esencia de la ópera, profundizar en los sentimientos y olvidar todo lo demás, así que ¿para qué tanta pomposidad?
Me hubiera gustado estar esa noche en el Palau, habría disfrutado con un Don Giovanni diferente, porque el que yo contemplé en su día en el Teatro Villamarta no me agradó nada, sobre todo por su puesta en escena oscura, barroca y sin ningún gusto. Y eso es lo que tiene los accidentes, a veces cambien la perspectiva de las cosas e incluso hace que las valoremos más.
viernes, 17 de noviembre de 2006
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Art Review: Edgar Degas (1834-1917) |
Cuando vi por primera vez este cuadro colgado de una pared del MET de Nueva York, me quedé impresionado. Y es que sin duda tiene algo especial, no sé si es la posición de las bailarinas, la perspectiva, la atmosfera, la paleta de colores, su luminosidad; lo cierto es que estuve contemplándolo por largo rato. Intenté exprimir al máximo su expresividad, o lo que quería contar, pero sinceramente, no me enteré de mucho hasta que llegó una guía del museo explicando en español el cuadro.
Y es cierto, cuando a uno le explican las cosas, le saca todo el jugo posible, y disfruta mucho más que por uno mismo. Por ejemplo, la guía explicaba que a Degas le encataba pintar a bailarinas (y es verdad, tiene un montón de cuadros de ellas) porque solía visitar esos sitios donde ensayaban que eran sitios dónde se ligoteaba facilmente - anda que no era pillo ni ná el Degas este.
Pero bueno, un pequeño detalle que añade significado al cuadro, y la verdad, explicó algunos más como por ejemplo que al artista no le gustaba pintar exteriores, y que detestaba que lo comparasen con los impresionistas de la época, porque él no pintaba la naturalez sino a personas realizando acciones.
Y es que aunque había estado antes en el Museo del Prado o en la National Gallery, no había tendio oportunidad de ver ningún cuadro suyo, y como ya planeaba antes de entrar en el MET me iba a encantar, y así fue, no decepcionó, así que allí me quedé embobado mirando cada detalle del cuadro mientras que apresurados (y poco apreciativos bajo mi punto de vista) turistas pasaban a todo meter, diciendo: ¿ese es un Degas no?
Más información en Wikipedia
jueves, 9 de noviembre de 2006
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Art Review: Maira Kalman |
He querido comenzar mis series de "Art Review" con una artista que acabo de descubrir gracias a un artículo que le dedica el New York Times y que me parece fascinante. Se llama Maira Kalman, y es principalmente ilustradora, ha hecho algunas portadas para la revista New Yorker, siendo su portada más famosa la de New Yorkistan. Pero sobretodo su obra se centra en sus "Children's book", realizando ilustraciones en libros para niños.Acaba de sacar una colección de obras sobre París, y realmente me parecen muy interesantes. Su mezcla de arte con reflexiones propias hacen que el espectador participe del arte como algo íntimo, profundo, y que reflexione a la vez que contempla sus obras. Podéis ver más en blog o en su web mairakalman