jueves, 22 de febrero de 2007

Un futuro sin libros ¿te lo imaginas? Antes de ver esta película tenía mucha curiosidad por saber cómo se imaginaba el director y el escritor de la novela en la que está basada, Ray Bradbury, este futuro que perfectamente podría ser el presente. Porque vivimos en lo que se ha llamado la era de la información, pero como casi siempre lo ha estado, la información está manipulada, la realidad depende del que te lo esté contando, y cuanto menos sepas de la realidad, mejor.

Pues todo esto se ve reflejado en esta magistral obra de este maravilloso director, creador de obras como Jules et Jim, Los 400 golpes o Domicilio conyugal entre otras obras maestras. Un mundo en el que los bomberos no apagan fuegos sino que los provocan (para quemar libros), dónde la gente expresa sus odios y rencores hacia sus vecinos delatándolos ante la policía de ser un lector ávido, representado con una escena magistral en la que un vecino duda de sí delatar a otro yendo y viniendo del buzón rojo, hasta que se toma un trago de alcohol para tener la "valentía" de hacerlo.

Porque no conviene que la gente piense de forma independiente, conviene tenerlos enganchados al televisor con programas para la "familia" en los que el cotilleo, consejos de cocina, cuidado facial y demás contenido sin contenido (valga la redundancia) entretiene a las amas de casa que se pasan el día entero en casa... me suena esto de algo. Porque en un mundo sin libros, la gente habla consigo misma en el tren, o incluso se entretiene acarciándose a sí mismo, todo menos leer.

Y es que en ésta película se respira una atmósfera afixiasiante en ocasiones, porque afixiante sería no poder echar mano de un libro y simplemente aprender, aprender de las experiencias de otros o de las investigaciones que algunos hayan hecho, porque hasta las enciclopedias estaban prohibidas, la ignorancia es el poder. Para qué prestar atención a todo ese pensamiento cambiante, "que cambia como las modas, este año falda larga, el año que viene falda corta"... En una cinta dirigida de una forma genial y con diálogos para guadarlos en el cofre de los tesoros cinematográficos, Truffaut nos resume el pensamiento moderno, el de que a las masas hay que tenerlas entretenidas en lugar de dejar que piensen por sí mismas.

Curioso el personaje que interpreta Julie Christie haciendo un doble papel, es de esposa conformista que se rebela contra su marido cuando éste decide actuar, y el de joven despierta que lucha en contra de toda esa corriente dominadora, un fiel reflejo de las dos caras de nuestro ser que por un lado se deja arrastrar por la sociedad y por otro lucha contra toda esa corriente.

Pero siempre hay un resquicio de esperanza, los hombres libros. Y creo que en esta parte, la película toma su parte más poética y romántica, personas que memorizan libros para transmitirlos de generación en generación y así no tener en su poder nada que los haga ser unos delicuentes pero que, a la vez, puedan transmitir todo ese conocimiento a otros, y es que la humanidad no sería nada sin los libros. Todo ello culminado con un final magistral, en el que la nieve que cae y toda esa gente recitando sus libros, nos hacen recordar que sin libros no seríamos libres, sin libros no seríamos seres humanos, sencillamente genial.

Mi valoración: 9,5

5 Comments:

  1. Natalia Book said...
    En efecto. Una obra maestra. Además está en el club de películas que son tan buenas como el libro en que se basan.
    También toca temas muy parecidos a los que estamos tratando con 1984.
    Yo no me imagino un mundo sin libros. Sería otra de mis pesadillas, como The Thought Police. Haces un gran comentario.
    Saludos
    jazzman said...
    Si te digo la verdad, pensé mucho en el libro cuando posteaba sobre esta película, que por cierto, lo acabo de comenzar a leer, aunque no sé si llevaré el mismo ritmo que vosotros.
    Natalia Book said...
    Estupendo. No te preocupes por el ritmo. Cada uno lleva el suyo. El caso es disfrutar leyendo. Y confirmado, 'las vírgenes suicidas' para octubre. Muy pronto lo voy a poner en la cabecera del blog.
    Saludos
    IRIAN-HALLSTATT said...
    Me gusta el apunte que haces sobre que ese futuro que retrata la película lo tenemos ya aquí. Aunque yo no diría que vivamos en la era de la información, sino de la imagen, la imagen pasiva, externa, que no induce nada en nuestro interior, pero que nos sirve para no ver más allá. Actualmente la gente ve en los libros algo arcano, que infunde respeto; aburrido, pues solo contiene datos que no van a impulsar en nuestra mente nada más estimulante de lo que podemos obtener ante una pantalla. A la mayoría de la gente los libros le aburren, asustan, e incluso avergüenzan (a la gente le da palo entrar en bibliotecas o librerías): está mal visto leer. En los institutos, al que estudia le pegan y marginan, y el que lee es asocial.

    En la película, el discurso de “los malos” es también de un inquietante que te pasas, no deja de basarse en la razón práctica más genuina. Y lo que tu indicas, romanticismo arrebatador el de esa población de personas-libro… ¡que me presenten al que se aprendió “Los Miserables”!

    Un saludo.
    David C. said...
    No concibo el cine sin las 21 películas de Francois Truffaut.

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