jueves, 11 de enero de 2007

Ayer la madre de una amiga me recordó una pequeña historia que me sucedió con ella, y que me había olvidado completamente, pero que ella recordaba con mucho cariño y sobretodo se reía mucho de lo que nos pasó. Para mí había pasado inadvertido pero es que ayer me contaba lo que pasaba por su cabeza, y eso es lo verdaderamente gracioso. Os cuento:

Resulta que el año pasado su hija (mi amiga) se presentó a las oposiciones en Cádiz, así que yo y su madre la acompañamos a la universidad, y como vivimos a unos 40 minutos de Cádiz, decidimos que podíamos su madre y yo dar un paseo por Cádiz mientras que ella estaba haciendo el examen. Así fue, la dejamos por la mañana y nos fuimos a Cádiz a disfrutar un poquito de esta encantadora ciudad. Recuerdo que era domingo, tempranito, así que no había mucha gente por la calle y el centro estaba muy tranquilo y apacible.

Después de pasear por el Mercado, Plaza de la Flores y el Palillero nos fuimos al Museo de Cádiz, un museo de arte y arqueología que está en la Plaza Mina. Había una exposición temporal de un coleccionista (no recuerdo su nombre) que tenía en su poder cuadros de Goya, Ribera y otros autores famosos. A mí me encanta el arte, no lo puedo evitar, entro en un museo y me transporto a otra dimensión, comienzo muy lentamente a recorrer el museo contemplando con detenimiento todos y cada uno de los cuadros, observando su perspectiva, juego de luces, paleta de colores, lo que intenta transmitir, en qué época lo pintó, etc.

Pero claro, no me percaté que iba con una señora de unos 50 años que lo más artístico que había visto en su vida han sido paisajes de los cuadros de las tiendas de todo a 100, por decir algo. Y aunque a ella aquello no le desagradaba, de hecho yo la animé para que se culturizara un poquito, le resultaba demasiado excesivo el tiempo que yo pasaba delante de los cuadros. A mí no me decía nada, simplemente, se recorrió la sala en un santiamén y se paró en un cuadro de una señora mayor, al verlo vino corriendo hacia mí y me dijo: "este es el cuadro que me gusta, y ¿sabes por qué? porque me recuerda a mi vecina Paca". Estaba claro, a ella eso del arte como que le daba igual pero aquello se parecía a algo que podía identificar, y por eso le llamaba la atención lo demás eran pinturas sin ningún sentido ni porqué.

Según me contaba ayer, como yo seguía mirando cuadros ella pensaba "y todavía sigue mirando cuadros, es que no se cansa, pues yo ya me los he visto todos y ya estoy un poco cansá. Voy a ver otra vez el cuadro de Paca" y se iba a verlo otra vez. Ayer se reía mucho porque decía "y yo dale con el cuadro y tú que no parabas de mirar cuadros y yo decía (con su peculiar gracia andaluza) ¿cuando va a terminá este de mirá los cuadro, dios mío?" La pobre se tuvo que sentar y todo porque estaba (como decimos por aquí) estrozá.

La cuestión a la que voy con esta anécdota es que no todos miramos el arte con los mismos ojos y menos lo apreciamos por igual. Para alguien que por circunstancias de la vida (o dejadez, que también los hay) no han recibido ninguna educación artística un cuadro no le dice nada a menos que esté relacionado con algo de su vida cotidiana, como era este caso. A otros, en los que yo me incluyo, aunque el tema del cuadro no nos entusiasme, las características técnicas de él pueden hacerlo muy atractivo, y por supuesto, digno de análisis por un tiempo alargado.

En fin, el arte me encanta, pero a veces tengo que entender que no todo el mundo piensa igual.

2 Comments:

  1. pequeñoIbán! said...
    Yo creo que como todo depende de la educación. pasa igual con las películas o los librso. Tenemos que conocer las claves para comprenderlas, para entenderlo. Sobre todo con lo que no es figurativo porque se aleja de la realidad y necesitamos otros referentes. A lo mejor es un comentario algo elitista pero creo profundamente que es así

    Un saludo!

    P.D. Perdón por lo de jazzmana!
    aadjazz said...
    je,je no te preocupes el fallo fue mío. Estoy de acuerdo totalmente contigo, todo depende de la educación. Aunque me sorprende que gente con mucha educación (universitaria) siga sin apreciar este tipo de cosas. Que le vamos a hacer cosas de la vida.

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