Movie Review: "Away form Her" (Sarah Polley, 2006)
En los más asentados y longevos matrimonios las palabras sirven de poco; los gestos, las miradas y el brillo de los ojos sustituyen al lenguaje hablado. Sólo una mirada sirve para dar a conocer los sentimientos más profundos, o sólo el resoplo de uno de ellos sirve para que el otro adivine lo que siente. En estos casos lo más doloroso es, evidentemente, la separación, y más aún cuando uno de los dos comienza a perder la memoria.
Pues todo esto se siente y se palpa en esta obra maestra dirigida por la hasta ahora actriz fetiche de Isabel Coixet, Sarah Polley. Todo un ejercicio de pasividad, de diálogos no hablados y de dos interpretaciones fabulosas, especialmente en lo que toca a Julie Christie, hacía tiempo que no veía una interpretación en la que lo último que me venía a la cabeza era que estaba interpretando. Sus gestos, movimientos, miradas, silencios y vacíos de guión son simplemente geniales, lástima que La Academia no pensara lo mismo...
Quizás el mérito se lo deba a la directora, que ha sabido crear una obra con personalidad, y sin necesidad de ser comparada con Bergman, en lo que es un ejercicio de temperamento, solidez y calidad detrás de la cámara. Sin duda una muy buena manera de comenzar una carrera como realizadora.
Y es que si en los matrimonios duraderos no hacen falta las palabras para el entendimiento, en esta película no hacen falta las palabras para transmitir el dolor más profundo que alguien que es amado pueda sentir, el alejarse de esa persona a quién le debe la vida.
Esto es lo que queremos (Hot Fuzz, Edgar Wright, 2007)
Que detrás de la apacibilidad de una hermosa villa inglesa hay pertubadores secretos, es algo muy conocido por todos, y que a veces la comedia inglesa nos regala alguna joya, tampoco es un secreto para la mayoría, pero lo que hace a ésta película peliculiar es su sentido del humor no apto para los que necesitan 20 minutos de pre-broma. Es fino, irónico y sobre todo rápido, si no estás atento, te lo pierdes.
Siendo una parodia de películas de acción tipo Bad Boys II, sobretodo sólo en su inteligente y electrizante final, Hot Fuzz se convierte en una autocrítica nacional fácil de digerir y sin recurrir a ningún tópico ni broma grosera. Su disección de la vida en las pequeñas pedanías inglesas es sencillamente genial, y que decir de la manera de "resolver" las situaciones en las mismas e incluso se atreve con problemas a escala nacional, como la popularidad del consumo de alcohol en los más jóvenes.
Es imposible no pasarselo en grande con ella, si no es el montaje endiablado, son las escenas de acción o los golpes geniales de humor, centrado en pequeños detalles. Calificada como 'Western' moderno, Hot Fuzz asegura un buen rato de diversión y cine hecho con inteligencia y descaro, absoluto descaro el de su director, que ya en su día dio la campanada con Zombies Party.
Una mirada al interior (Angel-A, Luc Besson, 2005)
Mirando a la profundidad del vacío de nuestro interior, no nos damos cuenta de la belleza del paisaje exterior, incluso si lo que hay fuera es la hermosa París, la oscuridad eclipsa todo lo demás. Quizás por eso necesitemos a un angel, un angel que cambie nuestra vida, que cure nuestras heridas, que nos enseñe a mirarnos al espejo. No importa si ese ángel no conoce su pasado ni su propia identidad, su presencia lo cambia todo.
Ya hemos pasado por ahí antes, pero ahora todo se ve con otros ojos, los puentes sobre el río Sena, la catedral de Notre-Dame, la Torre Eiffel e incluso la luna, ahora todo es mucho más bello, a pesar de seguir siendo un mundo en blanco y negro. Saltar del mismo puente por segunda vez significará un nuevo comienzo, aquel dónde por fin podremos mirarnos al espejo.
Valoración: 7,5
Lo mejor: Su cuidada fotografía y momentos resueltos con hermosos diálogos. Lo peor: A veces infatil y a veces grotesca.
En el mundo en que vivimos, las posibilidades de vida de una recién concebida criatura por una madre de 16 años, soltera y en la Escuela Secundaria, son impactatemente escasas. La mayor parte de la sociedad occidental ha convertido los embarazos no deseados en algo parecido a lo que ha hecho con la comida: una basura. Pero, afortunadamente, esta película no es ninguna basura. Su naturalidad es sencillamente abrumadora. Y es cierto, cuando comenzamos a verla pensamos que estamos ante la típica peli indie americana sobre los "frikies" y sus historias, pero no, lejos de ello, la historia nos llega, penetra en nosotros, sufrimos, reímos y lloramos con una increíble Ellen Page. Y es que al igual que "Superbad" (paso del título en español) quería reflejar, los "frikies" también tienen sentimientos, y casualmente esos sentimientos son similares a los nuestros, conclusión: todos somos seres humanos que vivimos, sufrimos y sentimos de la misma forma.
No hay tremendismos, solo naturalidad y fina ironía, que hace que nos ríamos de las situaciones más embarazosas, aunque sin dejar a un lado los sentimientos envueltos en una historia de estas características. Los personajes son construidos con cariño, con sensibilidad, con líneas de guión brillantes e inteligentes. Lo que provoca que Jennifer Garner se ría de sus habituales papeles ñoños o que J.K. Simmons y Allison Janney brillen en los pocos minutos que tienen en pantalla
Mención especial tiene la banda sonora, deliciosamente psicodélica, adictiva diría, llena de un aroma indie especial, que encaja perfectamente en cada momento de la historia, y que como comentaba una columnista del diario británico "The Guardian", es de esas películas que te marcan con sus bandas sonoras, que podrías identificar con momentos específicos de tu vida, y que nos introduce en el humor de los Moldy Peaches, una banda neoyorkina fundada en 2004 que merece la pena descubrir. Kinya Dawson, compositora y 50% de la banda es la encargada de seleccionar esta banda sonora, a ella tenemos que agradecer que no haya regalado una selección de canciones que probablemente jamás olvidaremos.
Quizás la mejor comedia (¿o debo decir drama?) del pasado 2007, Juno es lo que una pequeña criatura recién concebida es: pequeña y aparentemente sin importancia pero llena de energía y vitalidad, solo necesita una oportunidad.
Movie Review: Marie-Antoinette - Sofia Coppola (2006)
Ser una directora de sensaciones más que de historias le está costando a Sofia Coppola el desagrado de muchos, aunque eso y en vista de quién está detrás (el papi), como que le da exactamente igual. La historia en éste caso sólo sirve de excusa para transmitirnos lo que sentía una niña obligada a casarse con el futuro rey de Francia, mimada por su entorno, encerrada en una cárcel de tradiciones y un futuro no muy halagüeño en vista del poco interés de su marido a procrear.
Creando una atmósfera dónde los tonos pasteles hacen su agosto y cuyo vestuario es digno del Oscar que recibió, la pequeña Coppola logra su objetivo: mostrar la decadencia de Versalles y el refugio en las diversiones y excesos de una reina como escape a las presiones que tenía encima. Escenas en las que el tratamiento de la fotografía y la banda sonora electrónica transmiten en el espectador la misma soledad y desconcierto que la protagonista estaba sufriendo, logrando en algunas de ellas una belleza sublime.
Aunque, por otro lado, la fórmula se le antoja a la directora algo repetitiva provocando una sensación de "deja vú" en el espectador que ya disfrutara con las "Vírgenes suicidas" y "Lost in translation". Es por ello, que si bien no deja de transmitir sensaciones a través de imágenes, cuando sentimos que vemos otra vez lo mismo, ya no es tan excitante o tan emocionante, tirando por los suelos el factor sorpresa.
Sus guiños canallas como la inclusión en una escena de las zapatillas Converse mientras suena de fondo el tema "I want candy", dejan bien claro que los detalles pretendidamente rebeldes son más importantes que historia pura y dura. Su final (criticado por muchos) resulta coherente con el conjunto, mostrándonos su abandono de todo ese mundo de excesos y desenfrenos, en una de las mejores escenas de la película, en lugar de su muerte. Resultando, por tanto, en una película pastelosa, superficial e inócua, como la misma reina que en este pseudo-retrato Sofia Coppola nos ha pintado, y, siéntondolo mucho, a mí me encanta cómo lo hace.
Neil Young es un hombre de música pura, no le va nada que parezca enlatado, las grabaciones por pistas y luego retocadas en estudio, y detesta todo lo que huela a comercial. Sus grabaciones destilan cariño y entrega a una música que ha sido su vida desde que tiene uso de razón, dándo como resultados discos dónde lo único que separa al artista del oyente es una pequeña caja acústica.
Ver a Neil Young en directo es todo un privilegio, evidentemente pocas veces lo tendremos cerca, pero gracias a este documental podemos disfrutarlo como si estuviera en frente nuestra. Volviendo a Nashville (Alabama), la cuna del auténtico country-rock, del que Neil Young es uno de los pioneros desde que colaborara con Bufallo Springfield; Young se reúne con un grupo de amigos, dónde la amistad y la confianza que hay entre ellos se trasladan a las notas musicales, destilando aroma sureño por todos los rincones del teatro.
Todo ello aderezado con un excelente trabajo de dirección y fotografía, transmitiendo en imágenes a la perfección todo el aire que se podía respirar en ese momento. Disfrute para aquellos que aman la buena música, música elaborada con cariño y meticulosidad, para disfrutar lentamente y saborear todo su potencial.
La presión de una estrella de rock puede llegar a ser desesperante, después de una vida de locuras y desenfrenos, el éxito pide su pago correspondiente, y cuando eso llega pocos son los que aguantan con entereza. Esa desesperación lleva a muchas estrellas a aislarse por completo del mundo que les rodea, a evadirse de una realidad que les supera y les aplasta como su fuera una apisonadora, terminando en algunos casos en tragedia.
Gus Van Sant ha dado un nuevo giro de tuerca a esto que llamamos cine, y concretamente a los 'biopics', su estilo semidocumental y en permanente contacto con sus protagonista incluso cuando mata las moscas que le rodean, provoca en el espectador la sensación de que está viviendo con él, que comparte sus momentos más banales. Evidentemente esto es un arma de doble filo que puede gustar más o menos, pero no deja indiferente a nadie.
Por ello, de lo que no hay duda es de la tremenda calidad artística de esta obra, la cámara se mueve con mimo alrededor del artista, lo adora, lo reverencia, y todo a pesar de su pésima condición y estado. Difícilmente veremos imágenes tan bellas de una condición tan deplorable. Sus encuentros con la naturaleza no son más que el deseo de encontrar un sentido a una existencia que se antoja imposible, de sentirse libre, alejado del mundo. Encuentros narrados de forma pausada y tranquila, reflejando toda la calma y armonía que la naturaleza aporta al protagonista. Por lo tanto, asistimos a lo que se convierte en un monólogo interior, a susurros reflexivos que esbozaban la que sería su última y más desgarradora canción.
Lástima que el espectador nunca entre en la escena, no se pretende, pero el que no se cuente con nosotros para nada puede pagarse caro. Hay momentos en los que sientes que todo lo que estás viendo sobra, que está demás, que es innecesario o que estás perdiendo el tiempo. Y es que este film termina siendo (al menos para un servidor) bueno como ejercicio artístico pero nulo como película.
Somos testigos de la decadencia de un artista, que si bien no necesita contarnos su vida tan sabida ya por muchos, termina en una desgracia también sabida, y si lo que hay en medio no nos aporta mucho, al final ¿qué nos queda? Imágenes, escenas o movimientos de cámara llenos de sensibilidad, una canción cantada por el artista con los bellos de punta y quizás una frase, en un contexto totalmente surrealista, para la posteridad: "¿El éxito? El éxito es subjetivo"
Muchos dirán que eso es lo máximo que se le puede pedir a una película, pero el que suscribe espera algo más, espera transcendencia en las imágenes, que cuando termine de verla reflexione en lo que acaba de ver y se regocije en su argumento, en sus diálogos. Y es que esta película, siendo lo que es: una OBRA DE ARTE CONTEMPORÁNEO, depende de los ojos con que se vean.
Si no hubiese vistoDesayuno con diamantes antes de viajar a Nueva York, mi encuentro con Tiffany's no hubiese sido el mismo. No me habría parado en ese pequeño escaparate contrastando con la gigantesca fachada sin apenas ventanas a contemplar esos hermosos diamantes que con tan buen gusto están decorados. No habría reflejado mis ilusiones y esperanzas en un acto tan aparentemente banal, pero cargado de significado, y es que aunque pequeño, ese escaparate constituye por momentos aquello que más deseamos pero que dificílmente obtenemos.
Y no me refiero a meras joyas, que al fin y al cabo son un lujo efímero, me refiero a algo tan simple como los sueños. Sueños inalcanzables, irrealizables, como unos caros diamantes para esa jovencita que vivía de sus amoríos, pero que nos mantienen con ilusión, preserva en nosotros esa inocencia casi infantil y nos aleja de toda ese hastío y hartazgo que el mundo en el que vivimos nos pueda transmitir.
Todo lo que queremos está al alcance de nuestra mano, lástima que siempre encontramos un cristal de metacrilato que lo separa, convirtiendo una y otra vez, y por más que nos paramos delante, en imposible de alcanzar.
Esa 5ª avenida constituía en el momento de mi caminar por ella la vía de acceso a todos esos sueños, el camino que me llevaría a ellos, y eso que cuando yo caminaba había demasiada gente, quizás muchos ya conocen el camino y quieren caminar por él. Por ello me costaba imaginar esa avenida vacía, sin nadie caminando por ella, esperando que llegara ese solitario taxi amarillo para pararse delante del escaparate de las ilusiones.
Quizás todos mis sueños nunca se realicen, pero al menos vivo contemplándolos detrás del cristal.
Hollywood, especialista en exprimir sus productos hasta la saciedad, lo ha vuelto a conseguir: ha creado una secuela sosa, sin gracia ni chispa, no se sabe muy bien destinada a quién, si a los niños o a los mayores, con la única intención de seguir aprovechándose de la gallina de los huevos de oro.
Si algo tiene de bueno Shrek Tercero (y no Shrek 3), es su factura técnica, la Dreamworks se ha esmerado en elaborar lo que podríamos calificar cómo el trabajo más impecable artísticamente de la saga, con grandes niveles de detalles y belleza en algunas tomas. Lástima que todo sólo sea parte de un envoltorio cuyo contenido está totalmente vacío.
Si por algo se caracterizaba la primera entrega de Shrek fue por su fino humor e ironía, cosa que exagerado pero tronchante en la segunda parte, en la tercera se ha esfumado completamente. No hay gracia, no hay chistes con dobles sentidos, pero lo más alarmante es que ni a los niños les gusta, ni siquiera el humor escatológico termina de arrancar carcajadas a los más pequeños. Termina convertiéndose en otro cuento con moralina más, propio de la factoría Disney, más que lo que se propuso ser en un principio, una alternativa canalla a los cuentos de hadas.
Asno ha perdido la chispa y ese toque de "pesadito" que tenía, parece que las obligaciones familiares le han hecho asentar la cabeza. El gato con botas se ha convertido en una parodia de sí mismo, teniendo que hacer gracia cada vez que abre la boca, cuando tiene muy poquita. Y el ogro Shrek, ni es tan ogro, ni es tan gruñón, ni siquiera irónico, será que su amada lo ha ablandado. Por lo tanto ¿qué nos queda? Una pequeña crítica a las princesas de los cuentos de hadas, con Blancanieves como la más resultona y poco, o poquísimo más.
Cuando la cosa no podía ir a peor, resulta que nos dejan la puerta abierta a una cuarta entrega, ¿serán capaz de enmendar esta metedura de pata? Difícil lo veo, y es que esta gallina parece que ya está bastante exprimida.
Mi valoración de la saga: Shrek 1 - 9 Shrek 2 - 8 Shrek 3 - 3
Roy Batty, un "replicante" que amaba la vida más que los mismos humanos terminaba así su paso por el mundo de los vivos sin que muchas de sus preguntas hayan sido contestadas. Y es que si algo nos diferencia del resto de seres vivos, es que nos formulamos preguntas sobre el porqué de nuestra existencia, el sentido de nuestra vida o cómo será nuestro futuro, pero en la mayoría de los casos morimos sin encontrar respuesta a tantos interrogantes.
Y aunque es cierto que Blade Runner es una versión libre de la obra en la que se basa, no deja de perder su esencia: los deseos, anhelos e interrogantes del ser humano reflejados en unos replicantes más humanos que los mismos humanos, constituyéndose de esta forma en una perfecta radiografía de lo que sucede en nuestro interior, en un reflejo de lo más profundo de nuestro ser, de lo que nos diferencia del resto de seres vivos.
Tenemos conciencia de que existimos, y ésto nos lleva a plantearnos preguntas sobre la misma, preguntas que en la película para los humanos parecen estar contestadas (o están aburridos de buscarlas sin éxito) pero no para los "replicantes", cuya existencia es muy reciente y son los que ahora se plantean los mismos interrogantes que el resto de la humanidad se ha hecho por siglos. Todo esto lo logra gracias a su atmosfera humecida por la lluvia, dónde apenas se ve el sol, su estética "ciberpunk", mezclando tecnología y existencia marginal, y su magnífica banda sonora compuesta por Vangelis (por sí misma se merece otro comentario), que nos hace sumergirnos en lo más profundo de nosotros mismos, llegándonos a plantearnos las mismas cuestiones que sus protagonistas.
Pero sí por algo destaca Blade Runner es por la atemporalidad de sus naturaleza: pasado, presente y futuro se funden en un mismo conjunto que se conforma perfecto en forma y contenido. Se acerca al pasado a través de referencias literarias, bien biblícas, bien de la poesía de William Blake, a través de simbolismos religiosos, o referencias dramáticas del más puro cine clásico y negro. Y se acerca al futuro dónde la alta tecnología resplandece, si bien el resto es decante, viejo y marginal.
Si a esto le unimos las implicaciones éticas del dominino de la ingenieria genética, el alto grado de paranoia, los diferentes reflejos de diferentes aspectos de la sociedad norteamericana de los 80 (en esa época se predecía el dominio de la economía japonesa sobre la norteamericana, de ahí el predominio de la cultura asiática en anuncios y que todos los científicos provengan de allí) o los problemas de movimientos de población; tenemos ante nosotros una de las obras de ciencia-ficción más completas de la historia, y cuyo guión (a pesar de los cambios de guionista) ha sido elaborado de forma perfecta y sin fisuras.
Como bien predijo Philip K. Dick poco antes de morir, Blade Runner cambiaría la manera de ver películas, y así ha sido, se ha convertido en un clásico inmortal desde su nacimiento, una obra de referencia para directores y creadores fascinados por una obra tan perfecta, y a pesar de las reticencias de crítica y público en su momento, el tiempo le ha dado lo que se merecía: un lugar en el olimpo de los inmortales. Finalmente, tanto la película como su esencia no se ha diluido en lágrimas de lluvia, cómo predecía el replicante Roy Batty, sino todo lo contario, se ha mantenido viva y le quedan muchos años por delante, consituyéndose en un canto a la vida que perdurará para siempre.
Y es que gracias a esta película cuando termine de escribir estas líneas, abriré el cajón dónde tengo guardadas mis fotos y me pondré a contemplar todos esos recuerdos y sentimientos envueltos en ellos, para nuevamente sentirme vivo. Gracias Blade Runner.
Mi valoración: 10
(Esta crítica es fruto de la primera de muchas colaboraciones entre este blog y Nataliabook, un club de lectura dónde cada mes y medio se propone la lectura de un libro y su correspondiente versión cinematográfica, no se lo pierdan)
Movie Review: Intacto - Juan Carlos Fresnadillo (2001)
Nunca he creído en la suerte, de verdad, nunca he pensado que una persona puede tener buena o mala suerte, simplemente las cosas suceden por un cúmulo de casualidades no dirigidas o a veces son simplemente son consecuencia de nuestras buenas o malas decisiones, y ésto lo he comprobado que es así en la mayoría de los casos. De todas formas, y usando la suerte como elemento motriz de este thriller, Juan Carlos Fresnadillo firmó un primer largometraje sobresaliente.
La complejidad de su trama argumental está perfectamente construida, proporcionándonos sólo la información que al director y al guionista les interesa para ir desgránandonos las claves de una forma paulatina, sutíl y por tanto, muy eficaz. No hace falta recurrir a la voz en off, las imágenes explican mucho más que las palabras, y si están unidas de forma inteligente, podremos llegar a un entendimiento completo una vez expuesto todo el conjunto de la película. Y es que si por algo destaca la película, es por saber contener con una certeza impecable el resultado final, todo forma parte de un juego de azar, en el que hoy te puede ir bien y mañana todo lo contrario, con lo cual la incertidumbre está servida hasta el último momento. Todo un ejercicio de argumentación algebráica perfectamente ejecutada.
Lo imaginario se funde con lo real, proporcionándonos una sensación irreal pero sumergiéndonos a la vez en lo que sucede, a pesar de que sepamos que todo forma parte de la imaginación de sus creadores, se mantiene cercana al espectador haciéndolo parte del juego. Imágenes cargadas de información y actuaciones espectaculares de su trío protagonista, Leonardo Sbaraglia, Eusebio Poncela, y un ya mítico Max von Sydow; completando de esta forma una de las mejores obras de intriga que se han hecho en mucho tiempo en nuestro país. No me extraña que Danny Boyle lo haya elegido para su secuela de '28 días después', hoy estrenada en nuestro país.
Y es que a pesar de que no crea en la suerte, sí que creo que cuando las cosas están bien hechas siempre tienen buen resultado, y así ha sido en esta ocasión, Fresnadillo nos regala un juego de intriga inteligentemente construido y emocionante hasta el último momento.
Paul Schrader, director y guionista, afirmó en 1972 que el cine negro había terminado con Sed Mal (Orson Welles, 1958), sin embargo, y curiosidades de la vida, él mismo firmaria el guión de una obra considerada de cine negro post-años 50, Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Por lo que, y a pesar de que muchos se esfuercen, el cine negro no ha muerto, todo lo contario, se regenera y se reinventa a sí mismo, siendo Brick un claro ejemplo de ello.
Y es que Rian Johnson nos regala un ejercicio de elegancia, ritmo, pulso y talento, para trasladarnos una trama propia del mejor film noir a un instituto dónde los adolescentes sueltan frases como una ametralladora, a veces ininteligibles, pero cargadas de retórica y fina ironía. Porque todo lo que rodea a la película es de un surrealismo, en ocasiones desconcertante, que nos transmite la sensación de que lo que estamos viendo no se corresponde con lo que estamos escuchando, o que la trama no encaja en ese enclave.
Y es cierto, se le puede criticar que su trama es totalmente ridícula o complicada de entender, pero no hay que negar que el ejercicio surrealista planteado en ésta película se sale de los canónes del cine para adolescentes, e incluso del mismo cine indie, dándo cómo resultado un espectáculo cinematográfico original y cargado de creatividad. Su análisis de unos submundos inventados aunque totalmente representativos de los reales, supone un ejercicio magistral de dirección y guión, asegurándonos el disfrute durante los 119 min. que dura la película. Lástima que lo emborronado de la trama no haga completo el goce, teniéndonos que esprimir el cerebro para saber exáctamente a qué están jugando los protagonistas o qué están realmente buscando.
Y es que está claro que el cine negro no ha muerto. A pesar de que algunos lo enterraron hace tiempo, vuelve a resucitar, aunque esta vez con una cuerpo y cara totalmente nueva: la de unos adolescentes con aires de mafiosos e investigadores audaces en busca de la verdad.
(I'm back, por fin ha pasado todo el jaleo de los exámenes, y la verdad es que han ido mejor de lo que esperaba. A partir de ahora espero cumplir con este blog, en la medida que pueda, claro)
Cuando un asesino logra matar a alguien en vida, ha colmado todas sus expectativas. A través de muertes reales, un asesino puede lograr que los que estén a su alrededor mueran también, y no hay peor muerte que la que en vida misma un ser humano puede sufrir. Zodiac lo consiguió, mató en vida a los que se obsesionaron con sus asesinatos, a los que a través de los años tuvo pendientes de una pequeña pista que les dieran con el "asesino del Zodiaco" y que por fin acabara con su persecución obsesiva. Zodiac se atribuyó decenas de asesinatos, aunque los únicos que estaban demostrados eran cuatro: dos periodistas y dos policías.
Y es que David Fincher ha dado una nueva vuelta de tuerca al thriller, después de ser uno de los grandes influenciadores del thriller moderno con Se7en, Fincher nos devuelve al cine policíaco de los 70, a las narraciones contadas con ritmo aparentemente lento pero sin descanso. A veces en tono de documental, a veces en tono terrorífico o a veces realista, Zodiac se convierte en una película inteligente y reposada. Porque uno de sus grandes valores está en proporcionarnos tanta información sin que nos saturemos, de forma paulatina vamos asimiliando todos los datos que los policías y periodistas tenían en sus manos para que lleguemos a nuestra propia conclusión, si bien la película hace un guiño sobre quién pudo ser el asesino. Terminando en una rigurosa construcción de lo que pudo ser.
En su contra juega que el ritmo se vuelve en ocasiones demasiado lento, proporcionándonos la sensación que estamos perdiendo el tiempo viendo cómo los investigadores seguían pistas falsas, o como tras un lapsus de algunos años que no se sabía nada de él, la película iba sin ningún rumbo concreto. Quizás es lo que quería transmitir el director, pero está claro que puede provocar en nosotros la completa y total desesperación. Y si a esto le unimos que por momentos estamos ante un documental puro y duro la decepción puede ser mayúscula.
Si bien, cuando todo parece que no tiene rumbo alguno, la película vuelve a retomar su sentido y nos proporciona momentos inolvidables, como por ejemplo, la entrevista con el hombre de la fábrica, un ejemplo magistral de narrar de formas distintas e independientes: con lo que cuentan sus actores y lo que cuenta la cámara, un trabajo de montaje y realización excelentes.
El tono sobrio que domina a la película resulta tremendamente atractivo, y no apto para amantes del cine videoclip. Y es que Fincher se deja de efectismos, de movimientos de cámara espectaculares o de secuencias persecutorias a cámara lenta, para demostrarnos que la sobriedad se puede convertir en obra de arte y a la vez formar una película entretenida, cosa que muchos deberían tomar nota (Mann, JJ. Abrams y compañía, por poner un ejemplo ;-)
Siendo un psico-thriller, Zodiac pretende retrarnos la obsesión de sus protagonistas por alcanzar al asesino, logrando que las actuaciones de sus actores sean magníficas. Sin embargo, ese retrato obsesivo da la sensación de estar incompleto, nunca deja entrever la profundidad de las obsesiones, no llega a lo más hondo de los personajes o de sus motivos.
Por lo que en definitiva, tenemos ante nosotros una obra maestra de cine policíaco, aunque por otro lado irregular en algunos aspectos, y a pesar de la legión de fans que ha logrado en la blogosfera, un servidor no cae en el elogio fácil y entusiasta. Es un psico-thriller muy bien montado y estructurado llevado de forma ingeniosa e inteligente, pero que a ratos se hace exasperante. Aunque, por otro lado, cuando uno se para a pensarlo en realidad no deja de ser como la vida misma: lenta y amarga. Y es que Zodiac consiguió grandes crímenes, pero los más efectivos fueron matar a cuatro hombres en vida de forma paulatina e inexorable.
Movie Review: El viento que agita la cebada - Ken Loach (2006)
Para los más impacientes no os preocupéis que el viernes colgaré la review de 'Zodiac', problemas ajenos a mi voluntad me han impedido colgarla antes ;-)
La independencia de Irlanda del Norte es una guerra librada desde hace mucho tiempo, desde la invasión de los Anglo-normandos en 1169 por Waxford, el conflicto no ha tenido fin, si bien, períodos de relativa tranquilidad. Católicos y protestantes han peleado por lo que ellos consideraban sus derechos, unos (los católicos) para autogobernarse e independizarse de quién en su día los colonizó y otros (los protestantes) para poder vivir dependientes y ser partes del imperio británico. Por ello, la historia nos sitúa a comienzos del siglo XX, en lo que sería los comienzos del IRA, y justo antes y después de la Primera Guerra Mundial.
En sus comienzos la película tiene visos de veracidad y honestidad, pero se va tornando en un total y flagrante maniqueismo, en el que el director nos quiere imponer su forma de ver los hechos en todo momento. Ken Loach justifica una lucha armada que ha tenido dividida por siglos a una nación, dejando muy clarito quiénes son los malos (los británicos) y quiénes los buenos (los irlandeses), no dejando lugar a que el espectador tome sus propias decisiones en función de unos hechos contados con imparcialidad. Pero claro, es comprensible por otra parte que un director quiera dar su versión de los hechos, contar la historia a su manera y que cuando veamos otra versión entonces decidir. Pero ¿si cada uno exagera los hechos, a quién creer? Complicada cuestión, por eso tan sólo nos queda disfrutar de la película como un mero ejercicio cinematográfico, que por cierto, no está del todo mal.
Porque hechos históricos aparte, la película intenta desgranar los sentimientos de aquellos que participaron en el conflicto y que, muy a su pesar, tuvieron que matar incluso a aquellos que eran sus vecinos o que se habían criado con ellos. Contado con una loable y agradecida falta de emocionalismos baratos propios de un telefilm, resulta la puesta en escena sólida y de cierta intensidad narrativa, que la conduce a un final amargo, como un conflicto de estas características se merece.
Es por ello, que siendo un panfleto propagandístico, "El viento que agita la cebada" nos recuerda una triste realidad: las dos Irlandas del Norte siempre estarán, y que ahora que se ha proclamado su limitado autogobierno, las divisiones entre sus gentes no han sido eliminadas, porque la división ideológica sigue existiendo, aunque el conflicto armado haya concluido. Paradigma de una sociedad incapaz de lograr la unión total y sin prejuicios, en la que vecinos han tenido que luchar unos contra otros.
Movie Review: El camino de los ingleses - Antonio Banderas (2006)
Días de sol y calor, ha llegado el verano y con él una época de emociones, experiencias, alegrías y desgracias de quienes, como si la vida acabase mañana, devoran segundos al minutero ávidos de nuevas sensaciones antes que la época veraniega acabe y haya que volver a la triste y aburrida rutina. Calores y testosterona, mala combinación, con la calor las hormonas se revuelven y brotan con un ansia que en algunos casos es casi autodestructiva.
Aunque también el verano es época de poesía, ¿cuántos poetas escondidos no hemos descubierto en verano? Poesía tal como lo pretende ser este film, y aunque a ratos lo consiga, la apuesta le sale al señor Banderas fallida. Porque siendo lo que es, un experimento, 'El camino de los ingleses' pretende impactarnos con su poesía visual, con imágenes que queden para la posteridad, y es cierto, marcan en sentido visual, pero son vacías completamente de contenido. Y es que si unimos belleza visual y nula profundidad argumental, nos queda lo que tenemos: una película vacua, pretenciosa, grandilocuente y por tanto, fallida.
Aún contando con un "cast" lleno de talento y con una falta tremenda de dicción (soy andaluz y eso no es andaluz, eso es no saber hablar), la capacidad de sus actores está tremendamente desaprovechada, siendo enfocado el film única y exclusivamente al lucimiento de su director y personal de fotografía, siendo ésta última, por otra parte, excelente.
Curioso que siendo un actor de películas comerciales, Antonio Banderas nos pretenda regalar una obra de autor cargada de poesía y retórica, todo lo contario a lo que ha hecho como actor, aunque lo que le resulte es un "collage" de técnicas visuales mezcladas en una misma película sin sentido ni razón. Se entra o no se entra, dicen algunos, quizás eso sería lo más fácil de decir en estos casos, pero seamos realistas ¿cómo se puede prentender que entremos en una película que es lejana a nososotros, que no logra en ningún momento la complicidad con el espectador? La experiencia no funciona ni como video-arte, porque hasta eso tiene un mínimo de interactividad con sus espectadores, cosa que aquí brilla por su ausencia.
Como decimos en el sur "el verano es mu malo", y así es, junto a las emociones y nuevas sensaciones vienen las locuras y, por tanto, sus consecuencias, locura como esta película, y si lo miramos desde ese punto vista no desentona demasiado, verdad?
Movie Review: Paris je t'aime - Directores varios (2006)
Nunca he estado en París, aunque siempre he soñado con esa ciudad. Siempre he soñado con pasear por los Campos Elíseos, subir a la Torre Eiffel, visitar la catedral de Notre-Dame, dar una romántica caminata por la orilla del Senna, degustar una suculenta cena en uno de sus exquisitos restaurantes... pero ya no necesito soñar, disfrutando esta obra coral de magnificos directores suple con creces mis ansias de visitar París.
Si dicen que es la ciudad del amor, que menos que sea el amor el elemento común de los diferentes cortos ubicados en cada barrio parisino. Amor interracial, filial y por supuesto, romántico. Un tema eterno e inagotable, una fuente de creación imperecedera, que realizado con mimo resulta en obra maestra en algunos de los cortos.
La lista es larga, aunque cargada de talento: Transición de los capítulos a cargo de Emmanuel Benbihy: Olivier Assayas (Quartier des Enfants Rouges), Frédéric Auburtin & Gérard Depardieu (Quartier Latin), Gurinder Chadha (Quais de Seine), Sylvain Chomet (Tour Eiffel), Joel & Ethan Coen (Tuileries), Isabel Coixet (Bastille), Wes Craven (Père-Lachaise), Alfonso Cuarón (Parc Monceau), Christopher Doyle (Porte de Choisy), Richard LaGravenese (Pigalle), Vincenzo Natali (Quartier de la Madeleine), Alexander Payne (14e arrondissement), Bruno Podalydès (Montmartre), Walter Salles & Daniela Thomas (Loin du 16e), Oliver Schmitz (Place des Fêtes), Nobuhiro Suwa (Place des Victoires), Tom Tykwer (Faubourg Saint-Denis), Gus Van Sant (Le Marais)
El resultado, 18 piezas cinematográficas que en su conjunto forma una obra imprescindible, algo que todo buen soñador parisino y enamorado de la ciudad no se puede perder. Y es cierto, algunos chirrían entre tanta calidad, pero otros sorprenden y nos dejan boquiabiertos como el dirigido por el director de la deliciosa película de animación Bienvenidos a Belleville, Sylvain Chomet y su corto inspirado en la vida de unos padres mimos en el barrio de Eiffel. O el que dirige nuestra patria directora Isabel Coixet, que por cierto, usa en su banda sonora una pieza de "Cinema" del maestro Rodrigo Leao y que comentábamos hace poco en este blog.
Y es cierto, aún sigo soñando con París, aunque ahora mis sueños se han convertido en imágenes cinematográficas, que por algo dicen que las películas están hechas de la misma materia que los sueños...
Movie Review: Toma el dinero y corre - Woody Allen (1969)
Virgil era un joven tímido, agradable y culto, pero que se sentía agraviado por la autoridad que ejercen sobre él. Pronto comienza una vida de fechorías, robando máquinas vendedoras de chicle.
Y es que ser ladrón no es fácil, tras una infancia traumática e incomprendida, Virgil no tiene más remedio que verse impulsado a robar maquinas de chicle, un delito penado en por lo menos... un par de estados. Ahí da comienzo una vida de delincuencia y en permanente huida. Tras fracasar en varios trabajos (tocando el violonchelo en una orquesta cargando con el instrumento, por ejemplo) entendió que lo suyo era robar... o no?
Entre el falso documental (genial las declaraciones de los padres con máscaras de gafas y bigotes para que no los reconozcan), la ficción y la sucesión de sketches, el genial Woody Allen, firma una más que notable ópera prima. Con medios artesanales, y sin apenas experiencia, se vale de referentes en el cine como Chaplin, Keaton o Billy Wilder para combinarlos con diálogos destornillantes y abstractos que más tarde le harían famoso y sería un sello inconfundible de su estilo. Un estilo que también se hace evidente en el apartado visual, dotando a cada fotograma un aspecto casi personal, que más tarde también desarrollaría con más madurez.
Si bien, en contra tiene que su trama padece de una carencia total de dramatismo y/o trascendicia, quedando ante nosotros sencillamente una hora y media de risas, plagadas de situaciones graciosas o simpáticas, que no pasaran a la historia. Aunque quizás ese no era el objetivo del director, cuando (inevitablemente) lo comparamos con otras comedias posteriores, nos encontramos que con el tiempo supo desarrollar tramas muy bien logradas con diálogos y situaciones irrisorias (Veáse "Misterioso asesinato en Manhattan").
Y es que el genio se estaba afilando los dientes a la espera de lo que serían grandes obras maestras y que lo convertirían en uno de los mejores cineastas de la historia (por lo menos para mí). Porque cuando uno es un ladrón fracasado, lo única esperanza es correr, correr, correr... y aver qué pasa.
Pedro Machuca y Gonzalo Infante son dos niños con mucho en común, su edad, su vitalidad contagiosa, sus ganas de jugar y de experimentar, y ahora, el colegio, el elitista "San Patrick" que en un ejercicio de idealismo por parte de su director, los une por un tiempo; aunque el mundo que les rodea se esfuerza por lo contrario, ese mundo de ricos y pobres, de gente de izquierdas y de derechas, se esfuerza por hacerlos diferentes, por separarlos a pesar de todo lo que les une.
Época revolucionaria la que asolaba Chile, allá por el 1973, en la que seguidores de Pinochet y Allende se disputaban las protestas, a cual más escandalosa, y en el centro, esos niños ajenos a tanto movimiento idealista, únicamente preocupados por jugar o por ir en bicicleta (uno conduciendo, el rico, y el otro montado, el pobre) de un lado a otro. Disección de un país a través de la mirada de unos niños, una mirada pura, sin prejuicios, únicamente guiados por los dictados de su corazón, tenemos que aprender tanto de ellos...
De impresión sólida y exacta, "Machuca" nos introduce en las entrañas de un país, un país dividido por meros intereses políticos, algo tan común aún en los tiempos en que vivimos, sin nunca decantarse por ningún bando, sino simplemente narrando unos hechos a través de la atenta mirada de sus pequeños protagonistas. Por ello, es invevitable su cariz social tan típico en el cine sudamericano pero que hecho con maestría transmite de forma poderosa y efectiva los males de una sociedad en crisis, como es este caso.
El manejo del tempo permite a los actores desarrollar sus personajes a la perfección, llegando a conectar con el espectador de una forma bárbara a pesar de la juventud de sus dos principales. Su amistad se desarrolla a tal nivel que no sólo propone una simple rotura de barreras sociales, propone la unión la raza humana en su totalidad, a través emociones, pensamientos, inquietudes susurrados en el viento, resultando en un abanico de emociones sinceras y puras.
Borrachera de sensaciones al servicio de una fotografía que alcanza unos níveles sublimes, llena de luz y color en su comienzo, tornándose en lúgubre y fría en su terminación, revelándonos el cambio emocional de sus protagonistas y, por tanto, de todo el país. Y es que no hay nada más puro y sencillo que la amistad de unos niños, si en todo el mundo se siguiera esa simple regla ¡qué diferentes serían las cosas!
Movie Review: The Fountain - Darren Aronofsky (2006)
La profesión de funambulista no tiene precio, mientras haces malabarismos para entretener al personal, te juegas la vida sobre la cuerda floja. Los demás se lo pasan bien mientras te ven haciendo esos malabarismos que parecen tan sencillos, mientras tú estás haciendo todo un ejercicio de concentración y coordinación, mientras tu vida pende de un hilo... y nunca mejor dicho. Darren Aronofsky es un funambulista, no le importa arriesgar su carrera cinematográfica a cambio de proporcionarnos una obra de arte propia de los mejores malabaristas, aunque el resultado final no sea del todo completo, pero bueno, eso también depende del ojo de cada uno...
De argumento sencillo, aunque no simple, "The fountain" se centra en la búsqueda de la eternidad, bien sea en el siglo XVI, XXI (2006) ó XXVI. A partir de esta premisa la película toma elementos espirituales y filosóficos para explicar una sencilla cuestión: la negación del hombre ante la muerte, ese deseo por el que generaciones anteriores lucharon y que aún hoy día es objeto de numerosas investigaciones, y, por lo tanto, algo que forma parte de la naturaleza humana. Y es que somos seres hecho para vivir, nos negamos a la muerte, así que hacemos lo que haga falta para conseguir la eternidad.
Lo malo es que mientras dura la búsqueda muchos van muriendo, y entre ellos nuestros seres queridos. A duras penas aceptamos nuestra propia muerte pero ¿y la de la persona que más amamos? Nos resistimos a aceptarlo, y a esa resistencia tenemos que unir impotencia, la de no lograr lo que más deseamos: que esa persona esté para siempre con nosotros. Por ello, el film es una contínua sucesión de imágenes que se repiten, como si el ciclo se repitiera, siempre con el mismo final, como si el protagonista se hallara atrapado en la misma historia una y otra vez, hasta que no consiga su objetivo nada cambiará, las vidas de otros seguirán acabando inexorablemente.
Su precisiosismo visual es impresionante y su banda sonora irrepetible, pero lo malo es que tanta cáscara tiene el riesgo de estar vacía, y aunque el resultado final es bueno, no termina de ser completo. Y es que esta película da la sensación de ser demasiado compleja, cuando en su conclusión es sencilla: la muerte es el comienzo de la vida. Por ello tiende a llevar a engaño al espectador, haciéndolo pensar que ha visto un espectáculo cinematográfico para en realidad poco contenido. Pero es en la mente de cada espectador dónde la película hace su trabajo. Deja su semilla dentro de nosotros y ahora le toca a cada uno hacerla crecer. No es tarea fácil, pero sin duda, original.
Por ello, a los funambulistas se les aprecia que se arriesguen, aunque a veces el resultado no sea para darle un 10, pero tan sólo por el esfuerzo, se merece una nota alta.
P.D. Todas las conclusiones expresadas en este post son fruto de unos calentamientos de cabeza impresionantes, así que no se alarmen. En vista de la complejidad de la película recomendamos un segundo y hasta tercer visionado y si es en VOS, mejor que mejor, jeje.
Caer atrapado en una teleraña no tiene que ser nada agradable, mientras permaneces inmóvil, sin poder articular, la araña avanza hacia tí inexoráblemente con un hambre atroz. Sam Raimi estaba atrapado en una telaraña, en una telaraña de dudas cinematográficas y necesitado de referentes, el peso de dos películas anteriores medio decentes y, como no, ganas de agradar a todo el mundo; mientras la tarántula de la industria se le avanzaba inexoráblemente con hambre de exitos en la taquilla.
De ahí el resultado: mediocre, sin sentido, falto de personalidad y sin explotar las imnumberables y jugosas opciones que se le planteaban. Se suponía que en ésta parte de la saga, el protagonista era el lado oscuro de Spiderman, pero ¿dónde está? ¿Qué se ve reflejado en su cambio de peinado, por cierto, ya usado en los anales del cine? ¿O en su baile tipo La máscara? Resuelto de forma tan ridícula e irrisoria, parecía mentira que el mismo director hubiese firmado dos entregas anteriores, cuando menos, decentes.
Aparte de sí mismo, a Spiderman le salen nuevos enemigos, enemigos a los que no podemos distinguir realmente cuáles son sus motivos o sus carácteres, y es que la cuota de pantalla es lo que impera, los malos no pueden salir más que el bueno y su chica, que por cierto, su relación tonta y ñoña por fin ha conseguido desesperarnos completamente. Demasiada subtrama para tan poco tiempo, y lo que nos queda son conflictos resueltos por la vía rápida y metidos con calzador, dignos de una parodia de sí mismo más que de una nueva entrega de la saga.
Del 'cast' mejor no hablemos ¿dónde está el Tobey Maguire de Las normas de la casa de la sidra? Lo de este chico es digno de estudio, y del resto mejor no hablar, quizás el que más se salve sea Thomas Haden Church, haciendo de "sandman", aunque cómo decíamos con poquísima cuota de pantalla.
Guión pobre y con resoluciones tremendamente cutres y, como no, abundancia de chistes fáciles. Y si a todo lo anterior le añadimos la escenita ya típica de la saga de "Spidy" con la bandera de barras y estrellas ondeando mientras aparece como salvador de la nación y, por tanto, de la humanidad, mejor nos vamos al campo a coger flores, que aprovecharemos mejor el tiempo.
Sin duda película para los que quieren un poco acción y escenas rápidas, pero que eso de pensar o de que una película tenga profundidad les importa poco. Y es que, como decíamos al principio, la tarántula de la industria está feliz, se ha merendado a todo un exito de taquilla, la comida le ha sentado bien, aunque a costa de eso haya dejado a los amantes del buen cine sin una buena obra.
Mi valoración de la saga: Spiderman: 5 Spiderman 2: 6 Spiderman 3: 4